El trato vulgar, la comunicación ofensiva, la palabra grosera, los gestos desafiantes, la ramplonería en general están prohibidas en el trato entre las personas. Y hasta en los medios de comunicación y el mal llamado arte indecente, insultante, vejatorio. Y por sobre todo no está permitido que se quiera imponer una cultura de patanería, de humillación y deshonra.
Hemos vivido épocas aciagas en el campo político y social que nos han puesto al borde de guerras civiles y han dejado muchos muertos, heridos, despojados, arruinados. En este momento social vivimos una polarización que permite que los dispares políticos, se traten como enemigos y se desafíen públicamente a la manera de los antiguos duelos a muerte.
Desde este espacio hago, hagamos un pedido respetuoso para que nuestros llamados líderes sociales y políticos dejen el lenguaje vulgar y ofensivo que utilizan para manifestar sus diferencias. La decencia es buen abono para la paz.