LA VERDADERA EDAD PARA CASARSE.

No es sensato que el matrimonio se realice con el mero presupuesto de que estamos enamorados, de que sin ti me muero, de que eres la mujer o el hombre de mi vida o el padre o madre que yo quiero para mis hijos. No. El matrimonio solo tendrá sentido si hombre y mujer que se tienen afecto, que hasta pueden llegar a necesitarse, tienen edad biológica, madurez mental, formación profesional, capacidad económica para cumplir con las obligaciones que genera el matrimonio y por sobre todo la crianza, educación y sustento de los hijos.

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CONSTITUCIÓN, FAMILIA Y PAZ

He dicho que “Si no hay PAZ en la familia, no hay PAZ en las Naciones y sin PAZ es imposible rehacer el mundo”. La Constitución de Colombia es la mejor redactada para soñar con un País en máximo progreso y con personas felices. Y tal vez la más ultrajada y burlada.
¿Si todas las autoridades y las personas cumpliéramos esta Constitución, qué faltaría para que Colombia fuera una potencia mundial y todos fuéramos felices?

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A DESCUBRIR TALENTOS. La noble labor de los educadores

La tarea de los educadores ocupa las 24 horas de todos los días, sin descanso ni vacancia temporal. El educando debe aprender a aprender, a ser todos los días mejor, a superarse, a cultivar su calidad de vida, a trabajar por la sana convivencia en su familia y en la sociedad y a dar todo lo posible para su progreso personal, el de la sociedad y el de su comunidad. Claro que teniendo en cuenta los talentos de cada persona para lograr la mejor obra de arte en cada individuo.

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EL MITO DE LA IGUALDAD

Ahora se habla del matrimonio igualitario. La H. Corte nos dirá cuál es el matrimonio no igualitario. La H. Corte enseñó que por el de-recho a la igualdad no se pueden instaurar excepciones o privilegios que exceptúen a unos individuos de lo que se concede a otros en idénticas circunstancias. Repito, en idénticas circunstancias. Un hombre y una mujer que dicen amarse, que dicen atraerse para convivir y para garantizar de manera responsable la subsistencia de la especie humana legalizan esa voluntad mediante el contrato de matrimonio. Dos mujeres o dos hombres que dicen amarse o atraer-se no pueden ser discriminados por esta razón, pero sí por la imposibilidad biológica de garantizar la subsistencia de la especie huma-na. Esta circunstancia no es idéntica y por lo tanto el trato desigual se justifica.

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