No me agrada el término, la expresión limosna. Me suena elitista, degradante, alimento para el ego de los que se creen de mejor condición humana.
El pobre limosnero, el rico opulento, el que invita a la comida en la antesala del garaje y los funcionarios que invitan a un refrigerio y se toman la foto para hacer alarde de que siembran la justicia social y luego esperan una medalla o un reconocimiento por su sensibilidad humana, por su ayuda a los pobres, los que procura que no se acaben porque no tendrán con quien tomarse otras fotos en el futuro para demostrar su filantropía.