Respetuosamente sugiero que esta lección sea estudiada y repasada en familia, en todos los salones de clase y en las reuniones de juntas comunales y clubes cívicos y similares.
No se trata de una felicitación, de una copa de vino, de dedicar una canción y menos la que predica que el hombre sigue siendo el Rey o de regalar una flor. Se trata de un compromiso definitivo, irreversible de hacer realidad los derechos de la mujer, de respetar a la mujer desde ante de la concepción, durante el embarazo, durante su niñez y adolescencia y luego durante su edad madura. Hechos, realidades, no solo promesas, discursos y compromisos que desde ya se sabe que no se cumplirán.
