A veces decimos que los jóvenes de hoy son rebeldes, inmanejables, irrespetuosos, irresponsables. Respetuosamente invito a los lectores mayores de 30 años a que evoquemos nuestra adolescencia. Muchos recordaremos que cuando calificaban disciplina, la nota promedio era de 3,5. ¡Hicimos pilatunas! Las circunstancias de hoy generan espacios para osadías que pueden dañar la vida de los jóvenes, tales como la comisión de delitos contra la propiedad y la vida, la adicción al consumo de drogas y la corrupción. Estas nuevas puertas al obrar en contra de la familia y la sociedad son las que deben llamar la atención de los padres, abuelos, maestros, medios de comunicación y autoridades encargadas de proteger la familia.
No se les ocurra a los educadores pedir a los adolescentes que sean modelo de decencia y de cultura y de conformismo con sus ideas. En esto fracasarán rotundamente.
Tampoco se les ocurra dejar que hagan lo que quieran y darles ánimo para que arrasen con los demás. Pueden estar criando personas que sean pequeños o grandes delincuentes.
