Este cuadro es doloroso, aun cuando no el más doloroso de todos. Lo que duele es que la señora haya trabajado toda su vida, que tenga que repartir parte de sus bienes con una supuesta hija que es extraña a su familia y que su hija, de quien esperaba el mayor apoyo, ahora se comporte como una enemiga.
En las relaciones de familia no existe la lógica, pero es triste que una hija sea la mayor enemiga de su madre quien todavía no ha logrado superar el dolor de haber perdido a su marido, así no haya sido el más leal durante su vida en matrimonio.