En la vida en pareja, hoy compromiso en decadencia, al iniciar el contrato solemne de matrimonio se acostumbra a prometer amor para toda la vida. Decimos: “Yo, te recibo a ti, como esposo (a) y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida hasta que la muerte nos separe,” promesa frágil que se rompe fácilmente y que ya al final de la vida muchos caen en la cuenta de que fue una torpeza haber roto el lazo del amor eterno.
Y yo, así sea por horas, loquillo enamorado creo que si hay amor eterno y amor para toda la vida, así sea en la vida después de la muerte.
Vale la pena recordar lo que debe ser política de Estado: CERO EMBARAZOS EN Y POR ADOLESCENTES Y CERO EMBARAZOS NO DESEADOS.
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